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Nuevo impulso económico y político para el Sáhara

El 6 de noviembre de 1.975, desde Agadir, Hassan II instó a la movilización pacífica e irreversible que les permitiría a los marroquíes recuperar el territorio.
El Rey pidió a su pueblo tratar con fraternidad a los españoles que encontrasen a su paso, reiteró que no había enemistad y no era la guerra contra España el elemento movilizador.
Entonces, 350.000 civiles marcharon desarmados propiciando la salida del Ejército español.
Pasaron 40 años desde aquel día y en la celebración del 40° aniversario de la Marcha Verde,  ?Mohamed VI se desplazó al Sahara Occidental y desde allí expresó: “no es un acontecimiento ordinario ni una celebración pasajera, más bien queremos que constituya un antes y un después dentro de la historia de la culminación de la integridad territorial del Reino”.
?En su discurso, el Rey se refirió al futuro del desarrollo político, económico, social y cultural del Sahara.
Presentó proyectos de largo aliento que redundarán en el bienestar de la población local, con positivos efectos de derrame en los países de África subsahariana que, como es de amplio conocimiento, Mohamed VI busca potenciar.
Evaluar el presente y planificar el futuro El Rey reconoció desde el Sahara Occidental, los eventos positivos y negativos ocurridos en los últimos 40 años, luego de la Marcha Verde, y anunció el cambio, la transformación: “hoy queremos marcar una verdadera ruptura con las prácticas adoptadas en el tratamiento de los asuntos del Sahara; una ruptura con la economía rentista y los privilegios, así como con la débil iniciativa privada.
También una ruptura con la mentalidad del centralismo administrativo”, considerando que se alcanzó una “etapa de madurez”.
Lo anterior significa la “puesta en marcha del modelo de desarrollo de las Provincias del Sur, así como la aplicación de la regionalización avanzada” y  la desconcentración administrativa.
En los anuncios económicos, cabe destacar: la promoción de la inversión privada, nacional y extranjera, que permitirá una mayor competitividad y dinamismo de la economía en la región; así como el acceso y generación de empleo en igualdad de oportunidades para la población joven; la reestructuración de la asistencia social para mayor transparencia y equidad; y, los planes, programas y proyectos en sintonía y correspondencia con el interés de promover el desarrollo de los países africanos, que no se agota en la infraestructura sino que apunta al desarrollo humano.
En términos culturales se consolidarán los mecanismos de preservación y divulgación del patrimonio saharaui-hasaní; y, en lo que atañe a los derechos humanos, el Rey reiteró la independencia del Consejo Nacional para los Derechos Humanos y la cooperación con los poderes públicos, las organizaciones y la ciudadanía.
Todo esto ha sido planteado en el Estatuto de Autonomía propuesto por Marruecos al Consejo de Seguridad para resolver la cuestión del Sahara.
Al respecto, el Rey observó que, no es ese el primer problema que el Reino debe enfrentar, el país logró superar situaciones difíciles en diferentes momentos de su historia.
De tal modo, con la puesta en marcha de la regionalización y del modelo de desarrollo se busca la solución definitiva al “conflicto artificial en torno a nuestra integridad territorial”.
El jefe de Estado fue terminante: el plan de autonomía “constituye lo máximo que Marruecos puede ofrecer (…) su aplicación queda supeditada a la consecución de una solución política definitiva, en el marco de las Naciones Unidas (…) se equivoca quien espera de Marruecos otra concesión, ya que lo ha dado todo”.
Otros apartes notables del discurso real abordaron la seguridad y estabilidad al interior de las fronteras del país, los lazos históricos que vinculan a las poblaciones del Sahara con el Reino, la posibilidad de reconciliación y de retorno para quienes así lo deseen, pero sin lugar a quienes todavía hoy, sostienen posiciones separatistas.
Cuestionó con firmeza el proceder de Argelia y  del Polisario, fue severo e implacable.
También habló del futuro: “Si ahora Marruecos se compromete a hacer del Sahara marroquí un centro de intercambio y un eje de comunicación con los países del África subsahariana, disponiendo las infraestructuras necesarias para ello, sin lugar a dudas, hará nuevamente honor a sus promesas, ante la enorme decepción y amargura de sus enemigos”.
Casi cien periodistas, incluidos corresponsales extranjeros, se desplazaron al Sahara Occidental este viernes, el ministro de Comunicación, Mustafá al Halfi, precisó: “Queremos que comprueben con sus propios ojos la situación de estabilidad y desarrollo que hay en esta región”.
Halfi le expresó al corresponsal del diario El País que la integración social quedó evidenciada en las elecciones de octubre que alcanzaron una participación del 79% de la población.
“O sea: aquellos que están en contra del Estado marroquí son una minoría”.
Al consultar al periodista español, Manuel Vidal, sobre el futuro próximo en el Sahara, observó: “la Constitución de 2011 ha colocado a Marruecos en una posición proactiva para que los habitantes de las provincias del Sur dispongan de una autonomía creíble y viable (…) celebraron las primeras elecciones autonómicas en El Aaiún, Smara y Dajla, con una destacada participación de líderes políticos de origen saharaui, que cuentan con un gran apoyo entre la población.
Marruecos está dando los pasos necesarios para hacer realidad la autonomía y este compromiso debe ser asumido por todos los actores.
La pelota está ahora en el tejado de los propios líderes de las provincias del Sur, que deben dar una prueba de madurez para lograr la ansiada autonomía.
Sin duda, el proceso autonómico en las provincias del Sur será un catalizador, si se realiza según lo previsto, fortalecerá la democracia en Marruecos”.
Los proyectos presentados por Mohamed VI responden, tanto a las necesidades, como a las sugerencias de diferentes sectores, grupos y organizaciones dentro y fuera del país.
Se amplían las oportunidades para el desarrollo económico de la región y continúa el camino de la modernización y la apertura.
El afianzamiento de las instituciones políticas y la consolidación democrática del Reino dependerán de la efectiva implementación, de la celeridad y eficiencia que demuestren las distintas autoridades en la ejecución de los procesos, posibilitando también la satisfacción de los ciudadanos, su plena incorporación y la pacífica convivencia en medio de la diversidad.
Clara Riveros, Politóloga, analista, consultora   .

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