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El macabro y lucrativo negocio de la esclavitud

Durante seis años, Samat Senasuk sacó con sus manos desnudas toneladas de peces atrapados en unas redes que erosionaron poco a poco sus dedos.
Las jornadas de hasta 18 horas al día no daban respiro a sus huesos y, al final, dos de sus dedos cedieron ante las afiladas redes y se quebraron.
Recibió una paliza por su torpeza y tuvo que seguir trabajando.  Unas 800.000 personas son traficadas cada año a través de fronteras internacionales para acabar explotadas en contra de su voluntad y 21 millones de personas viven en condiciones análogas a la esclavitud, según datos de Naciones Unidas.
Las alarmantes cifras han hecho de este tipo de explotación una de las principales batallas de la comunidad internacional durante los últimos años y los fondos destinados a combatirla han aumentado.
Según la ONG Walk Free, los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) gastan cada año 120 millones de dólares (100 millones de euros) en luchar contra la trata, una cifra que no incluye los fondos destinados por iniciativas privadas o por las organizaciones internacionales.
Y sin embargo, Naciones Unidas dice que el tráfico de personas es uno de los negocios ilícitos que más rápido crece.
Hoy es el segundo crimen internacional que más ingresos genera, sólo por detrás del tráfico de drogas, con unos 3o.000 millones de euros anuales.
“La trata es una situación de esclavitud, y forma un triángulo entre el origen, el tránsito y el destino.
Está absolutamente relacionada con el crimen organizado, muy de la mano del narcotráfico”, explica en la revista Pueblos la feminista boliviana María Ximena Machicao Barbery, que ha investigado la trata en cinco países suramericanos.
A pesar de este rápido crecimiento, sólo unas 25.000 personas son identificadas y ayudadas cada año por gobiernos y organizaciones internacionales, según datos de la Organización de Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen (UNODC en sus siglas en inglés).
“No es siquiera un 1% de las víctimas que hay ahí fuera.
Tenemos que cambiar la manera en la que hacemos lo que hacemos para que sea más eficiente y efectiva, porque no estamos reduciendo [la esclavitud]”, dice Matthew Friedman, director ejecutivo del Mekong Club, una organización empresarial de Asia que se propone combatir la esclavitud.  Los millones de esclavos que hay en el mundo viven en el anonimato, a menudo como inmigrantes ilegales que no pueden pedir ayuda.
La clandestinidad hace más complicado saber contra qué se está luchando.  “El trabajo esclavo no es una enfermedad, sino el síntoma del sistema.
Estas nuevas formas de esclavitud no son un resquicio de prácticas arcaicas que sobrevivieron a la introducción del capitalismo, sino un instrumento del sistema para favorecer la acumulación del capital en su interminable proceso de expansión”.
Los retos son enormes y la trata sigue siendo un negocio lucrativo y en alza, si bien ha habido algunos avances en los últimos años en la lucha contra esta lacra.
En 2003 entró en vigor el Protocolo sobre Trata de Personas que pone las bases de un marco jurídico internacional para penar este crimen.
Según la ONU, 2.000 millones de personas aún viven en países que no aseguran una protección jurídica a las víctimas de trata, especialmente en  África subsahariana, en Asia y en Sudamérica.
Pero el número de países que se suma al tratado crece rápidamente.
Los avances se deben, en gran medida, a la presión de la sociedad civil, asociaciones como Apramp en España, Repórter Brasil o la Fundación Alameda en Argentina ponen rostros y números a este oscuro negocio que es comerciar con seres humanos.
Fuente: Lea todo el reportaje de Lamarea.com .

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